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España es un paraíso para los amantes de la playa, con más de 8.000 kilómetros de costa.
Mientras las playas más conocidas suelen estar abarrotadas durante el verano, existen pequeños tesoros escondidos que, precisamente por su difícil acceso, conservan su belleza virgen y ofrecen una experiencia única.
Descubrir estas calas apartadas requiere esfuerzo, pero la recompensa es extraordinaria: aguas cristalinas, arena inmaculada y, sobre todo, tranquilidad.
He recorrido la península de norte a sur buscando esos rincones que no aparecen en las guías turísticas convencionales. Después de largas caminatas, descensos por acantilados y alguna que otra aventura en barco, puedo compartir estas cinco joyas que permanecen relativamente desconocidas para el turismo masivo.
Playa de Cala Escorxada, Menorca
Menorca es famosa por sus calas de ensueño, pero Cala Escorxada destaca incluso entre las más bellas. Situada en la costa sur de la isla, esta pequeña cala de arena blanca y aguas turquesas permanece prácticamente virgen gracias a su complicado acceso.
Para llegar hay que caminar aproximadamente una hora desde el aparcamiento más cercano, siguiendo un sendero que atraviesa el típico paisaje menorquín. El camino parte desde Santo Tomás y, aunque no es extremadamente difícil, requiere calzado adecuado y bastante agua, especialmente en los meses de verano cuando el sol aprieta sin piedad.
El esfuerzo merece cada gota de sudor. Al llegar, te encontrarás con una playa de unos 140 metros de longitud, encajada entre acantilados que la protegen del viento. El agua es tan transparente que podrás ver perfectamente el fondo marino incluso a varios metros de profundidad, convirtiéndola en un paraíso para los amantes del snorkel.
A diferencia de otras calas menorquinas, aquí no encontrarás servicios como chiringuitos o alquiler de sombrillas, así que debes ir bien preparado con comida, bebida y protección solar. Esta ausencia de servicios es precisamente lo que mantiene su encanto salvaje.
Playa de los Muertos, Almería
No te dejes engañar por su nombre poco alentador. La Playa de los Muertos, ubicada en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar en Almería, es posiblemente una de las playas más espectaculares del Mediterráneo español.
El acceso requiere descender por un sendero escarpado de unos 20 minutos desde el aparcamiento situado en lo alto del acantilado. El camino no está acondicionado, por lo que no es recomendable para personas con movilidad reducida o niños muy pequeños. Además, la subida de regreso bajo el sol almeriense puede resultar agotadora.
La playa, de casi un kilómetro de longitud, está formada por guijarros y pequeñas piedras redondeadas por el mar, lo que le confiere un aspecto único. El contraste entre el blanco de las piedras y el azul intenso del agua crea un paisaje de postal. La ausencia total de construcciones y la protección que ofrece el parque natural han permitido que conserve su estado salvaje.
Se dice que el nombre proviene de los numerosos naufragios que ocurrían en esta zona en siglos pasados, cuando los cuerpos de los marineros aparecían en esta orilla. Hoy en día, sin embargo, sus aguas son tranquilas y perfectas para el baño, aunque debes tener cuidado con las corrientes que pueden formarse en días de viento.
Playa de Gulpiyuri, Asturias
Si buscas una playa verdaderamente única, Gulpiyuri te dejará boquiabierto. Situada cerca de Llanes, en Asturias, es una de las pocas playas interiores del mundo. Sí, has leído bien: una playa a 100 metros del mar.
Este fenómeno natural se formó cuando el mar fue erosionando la roca caliza, creando un túnel subterráneo que conecta con el Cantábrico. Durante la pleamar, el agua salada llena esta pequeña depresión circular de apenas 40 metros de diámetro, creando una playa en miniatura rodeada de prados verdes.
Para llegar hay que atravesar campos y prados siguiendo un camino de tierra desde la carretera más cercana. No hay señalizaciones claras, así que es recomendable preguntar a los lugareños o usar GPS. La caminata es de unos 15-20 minutos a través del típico paisaje asturiano.
A pesar de su reducido tamaño, Gulpiyuri fue declarada Monumento Natural y forma parte del conjunto de Paisaje Protegido de la Costa Oriental de Asturias. El mejor momento para visitarla es durante la pleamar, cuando el agua llena la pequeña cala. En bajamar, puede quedar prácticamente seca.
Consejos para visitar Gulpiyuri
- Consulta las tablas de mareas antes de ir
- Lleva calzado cómodo para la caminata
- Visítala preferiblemente en primavera u otoño para evitar aglomeraciones
- No dejes basura, ayuda a preservar este frágil ecosistema
Cala del Moraig, Alicante
En el municipio de Benitatxell, entre acantilados imponentes, se esconde la Cala del Moraig. Esta cala de aguas cristalinas y tonos azul turquesa es especialmente conocida entre los aficionados al buceo por albergar la Cueva de los Arcos, un sistema de cuevas submarinas que conecta con otra pequeña cala cercana.
El acceso ha mejorado en los últimos años, pero sigue siendo relativamente complicado. Hay que descender por una carretera estrecha y empinada hasta un pequeño aparcamiento, y desde allí bajar unas escaleras talladas en la roca. Durante el verano, este aparcamiento suele llenarse rápidamente, por lo que es recomendable llegar temprano.
La playa combina arena y cantos rodados, con un entorno rocoso ideal para explorar con gafas y tubo. Sus aguas transparentes permiten ver claramente los peces que habitan sus fondos. Una de sus características más especiales es el «Río Subterráneo del Moraig», donde el agua dulce que brota de la montaña se mezcla con el agua salada del mar, creando un fenómeno visual fascinante.
A diferencia de otras calas de esta lista, El Moraig cuenta con algunos servicios básicos durante la temporada alta, como un pequeño chiringuito y alquiler de hamacas, lo que la hace algo más accesible para familias. Aun así, mantiene un encanto natural que muchas playas más turísticas han perdido.
Playa de Arnía, Cantabria
La costa cantábrica esconde algunas de las playas más salvajes y espectaculares de España. Entre ellas destaca la Playa de Arnía, situada en el municipio de Piélagos, a pocos kilómetros de Santander.
Esta playa se caracteriza por sus impresionantes formaciones rocosas, resultado de la erosión marina durante millones de años. La más destacada es «La Isla de Arnía», un arco natural que con la marea baja permite acceder a una pequeña isla.
El acceso requiere descender por un camino empinado desde el aparcamiento situado en lo alto del acantilado. Son aproximadamente 10 minutos de bajada, pero el camino puede resultar resbaladizo en días húmedos. La playa queda completamente cubierta durante la pleamar, así que es imprescindible consultar las tablas de mareas antes de visitarla.
Durante la bajamar, se descubre una extensa playa de arena dorada salpicada de formaciones rocosas que crean pequeñas piscinas naturales. Estas pozas son perfectas para bañarse cuando el mar Cantábrico está más bravo, lo que suele ser habitual.
El paisaje cambia completamente dependiendo del estado de la marea, ofreciendo dos experiencias totalmente distintas. Con marea baja, puedes explorar cuevas y rincones normalmente sumergidos; con marea alta, el espectáculo de las olas rompiendo contra las rocas es hipnótico.
Tabla de mareas recomendadas para cada playa
| Playa | Mejor momento | Observaciones |
|---|---|---|
| Cala Escorxada | Cualquier hora | No afectada significativamente por las mareas |
| Playa de los Muertos | Cualquier hora | Mejor en días sin viento |
| Gulpiyuri | Pleamar | Puede quedar seca en bajamar |
| Cala del Moraig | Cualquier hora | Mejor por la mañana para buceo |
| Playa de Arnía | Bajamar | Desaparece completamente en pleamar |
Preparación necesaria para visitar estas playas
Visitar estas joyas escondidas requiere cierta preparación. No son destinos donde puedas llegar fácilmente en coche y encontrar todos los servicios a mano. Precisamente por eso conservan su encanto.
Es fundamental llevar suficiente agua, especialmente en verano. También comida, protección solar, sombrilla y calzado adecuado tanto para caminar como para las zonas rocosas. Un botiquín básico nunca está de más, ya que algunas de estas playas están bastante aisladas.
Otro aspecto importante es respetar el entorno natural. Muchas de estas playas se encuentran en espacios protegidos o conservan ecosistemas frágiles. Llevarse toda la basura, no recolectar conchas o piedras y minimizar nuestro impacto debe ser una prioridad.
Por último, siempre es recomendable informar a alguien de nuestros planes, especialmente si visitamos las playas fuera de temporada cuando hay menos gente. La seguridad nunca debe subestimarse, por muy paradisíaco que sea el destino.
Estas cinco playas representan solo una pequeña muestra de los tesoros escondidos que guarda la costa española. Lugares donde el tiempo parece detenerse y donde la naturaleza muestra todo su esplendor. Playas que, a pesar de requerir esfuerzo para llegar a ellas (o quizás precisamente por eso), ofrecen una experiencia incomparable que quedará grabada en tu memoria mucho después de que la arena haya desaparecido de tus zapatos.
