5 islas españolas que poca gente conoce pero que deberías visitar al menos una vez

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España tiene más de 6.000 kilómetros de costa y un archipiélago por cada punta del país.

Mientras Baleares y Canarias atraen a millones de turistas cada año, existen pequeños tesoros insulares que permanecen a salvo del turismo masivo.

Islas donde el tiempo parece haberse detenido, con playas vírgenes, pueblos pintorescos y una naturaleza que quita el aliento.

He recorrido algunas de estas joyas escondidas y quiero compartir contigo cinco islas españolas poco conocidas que merecen una visita.

Isla de Tabarca: el paraíso valenciano

A solo 22 kilómetros de Alicante se encuentra la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Tabarca, con apenas 1.800 metros de longitud, fue refugio de piratas berberiscos antes de convertirse en un asentamiento para pescadores tunecinos en el siglo XVIII.

Lo que hace única a Tabarca es su combinación de historia y naturaleza. Su casco antiguo amurallado, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1964, conserva el encanto de un pueblo marinero tradicional. Las murallas, la iglesia de San Pedro y San Pablo, y el faro son testigos de su rico pasado.

En 1986, las aguas que rodean Tabarca se convirtieron en la primera Reserva Marina de España. Sus fondos cristalinos son perfectos para el buceo y el snorkel, con praderas de posidonia oceánica que albergan una rica biodiversidad mediterránea.

Para llegar a Tabarca hay que tomar un barco desde Santa Pola, Alicante o Torrevieja. El trayecto dura entre 30 minutos y una hora, dependiendo del punto de partida. La isla no tiene coches, lo que contribuye a su encanto y tranquilidad.

Si visitas Tabarca, no puedes irte sin probar su famoso caldero tabarquino, un guiso de pescado con arroz que los pescadores locales han preparado durante generaciones.

La Graciosa: la octava isla canaria

Al norte de Lanzarote se encuentra La Graciosa, oficialmente reconocida como la octava isla del archipiélago canario en 2018. Con apenas 29 kilómetros cuadrados y unos 700 habitantes, este territorio forma parte del Archipiélago Chinijo, la reserva marina más grande de Europa.

La Graciosa parece sacada de otro tiempo. Sin carreteras asfaltadas, con calles de arena y apenas un puñado de vehículos autorizados, la isla ofrece una experiencia única de desconexión. Caleta del Sebo, su capital, es un pequeño pueblo de casas blancas donde la vida transcurre sin prisas.

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Las playas de La Graciosa son su mayor tesoro. La Francesa, Las Conchas y Montaña Amarilla figuran entre las más espectaculares de España, con arenas doradas y aguas turquesas. La ausencia de contaminación lumínica convierte la isla en un observatorio astronómico natural.

Para llegar hay que tomar un ferry desde Órzola, en el norte de Lanzarote. La travesía dura unos 25 minutos y ofrece vistas espectaculares del llamado Río, el estrecho que separa ambas islas.

La mejor forma de explorar La Graciosa es alquilando una bicicleta o a pie. Un consejo: lleva suficiente agua y protección solar, ya que en la isla hay pocos árboles y el sol canario puede ser intenso.

Isla de Ons: la joya de las Rías Baixas

En el corazón de las Rías Baixas gallegas se encuentra la Isla de Ons, parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Con 414 hectáreas, esta isla ha estado habitada desde la prehistoria, como atestiguan los restos arqueológicos encontrados.

Ons combina paisajes espectaculares con tradiciones ancestrales. Sus acantilados occidentales, azotados por el Atlántico, contrastan con las playas tranquilas de la costa oriental. El faro de Ons, situado en el punto más alto de la isla, ofrece vistas panorámicas que quitan el aliento.

Una de las características más fascinantes de Ons son sus furnas, cuevas marinas formadas por la erosión del océano. La más famosa, la Furna do Inferno, produce un sonido similar a un trueno cuando las olas chocan contra sus paredes, lo que dio origen a numerosas leyendas entre los isleños.

La gastronomía de Ons es otro de sus atractivos. El pulpo a la gallega, las empanadas caseras y los mariscos frescos son parte fundamental de su oferta culinaria, siempre acompañados del vino Albariño de las Rías Baixas.

Para visitar Ons hay que tomar un barco desde Bueu, Sanxenxo o Portonovo. La isla tiene un camping y algunas casas de alquiler, pero el número de visitantes está limitado para preservar su ecosistema, especialmente en verano. Es recomendable reservar con antelación.

Isla de Mouro: el centinela de Santander

Frente a la bahía de Santander se yergue la pequeña Isla de Mouro, un islote rocoso de apenas 1,7 hectáreas dominado por su imponente faro. Aunque deshabitada, esta isla tiene una historia fascinante que se remonta a la Edad Media, cuando servía como punto de vigilancia contra invasiones marítimas.

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El faro de Mouro, construido en 1860, se eleva 45 metros sobre el nivel del mar. Durante décadas, fareros y sus familias vivieron en este remoto enclave, soportando temporales y aislamiento. El último farero abandonó la isla en los años 70, cuando el faro se automatizó.

Lo que hace especial a Mouro es su rica biodiversidad. Sus aguas albergan uno de los fondos marinos más diversos del Cantábrico, con más de 300 especies identificadas. La isla es también refugio para aves marinas como cormoranes, gaviotas y paíños.

Aunque no se puede desembarcar en la isla sin permiso especial, es posible rodearla en kayak o en barco. Varias empresas de Santander ofrecen excursiones que permiten aproximarse a sus costas y observar su fauna marina, incluyendo delfines en los meses de verano.

Desde el Palacio de la Magdalena o el Faro de Cabo Mayor en Santander se obtienen las mejores vistas de este islote, especialmente durante las puestas de sol, cuando la silueta del faro se recorta contra el horizonte.

Isla de Sálvora: salvaje y misteriosa

En la entrada de la Ría de Arousa se encuentra Sálvora, la más desconocida de las islas que forman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Con 190 hectáreas, esta isla deshabitada permanece prácticamente en estado salvaje, lo que la convierte en un tesoro natural.

Sálvora tiene una historia marcada por naufragios y leyendas. El más famoso ocurrió en 1921, cuando el buque Santa Isabel se hundió frente a sus costas. Las mujeres de la isla, conocidas como las valientes de Sálvora, rescataron a muchos náufragos en una hazaña que ha pasado a la historia de Galicia.

El faro de Sálvora, construido en 1852, es uno de los más antiguos de Galicia. Junto a él se encuentra el antiguo poblado, abandonado en los años 70 cuando los últimos habitantes dejaron la isla. Las ruinas del pazo (palacio rural) recuerdan que la isla perteneció a la familia de la escritora Emilia Pardo Bazán.

La naturaleza de Sálvora es excepcional. Sus bosques de laurisilva, ecosistema relicto del Terciario, albergan especies únicas. En sus costas habita la mayor colonia de cormorán moñudo de Galicia, y sus aguas son frecuentadas por delfines y marsopas.

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Las visitas a Sálvora están estrictamente reguladas para preservar su ecosistema. Solo se puede desembarcar con visita guiada y el número de visitantes diarios está limitado. Los barcos salen desde O Grove y Ribeira durante los meses de verano.

¿Cuál es la mejor época para visitar estas islas poco conocidas?

La temporada ideal para explorar estas joyas insulares depende de lo que busques. Si prefieres tranquilidad y precios más económicos, la primavera y el otoño son perfectos. Las temperaturas son agradables y hay muchos menos turistas.

Para las islas cantábricas como Mouro, los meses de julio y agosto ofrecen el clima más estable. Las islas gallegas como Ons y Sálvora disfrutan de su mejor tiempo entre junio y septiembre, aunque siempre conviene llevar algo de abrigo por las noches.

En el caso de Tabarca y La Graciosa, el clima permite visitarlas prácticamente todo el año, aunque el servicio de barcos se reduce considerablemente fuera de temporada. Si buscas bañarte en sus aguas cristalinas, el final de la primavera y principios de otoño ofrecen un buen equilibrio entre temperatura agradable y menor masificación.

Un detalle importante: en algunas de estas islas, como Ons y Sálvora, las visitas están limitadas y reguladas, especialmente en verano. Es fundamental consultar los permisos necesarios y hacer reservas con antelación.

Consejos prácticos para tu visita

  • Planifica con tiempo: La mayoría de estas islas tienen acceso limitado y servicios reducidos. Investiga horarios de barcos y alojamientos disponibles.
  • Lleva efectivo: En muchas de estas islas no hay cajeros automáticos y algunos establecimientos no aceptan tarjetas.
  • Respeta el entorno: Todas estas islas son ecosistemas frágiles. Llévate tu basura, no recolectes plantas ni animales, y sigue los senderos marcados.
  • Calzado adecuado: Muchas de estas islas tienen terrenos irregulares. Un buen calzado para caminar es imprescindible.
  • Protección solar: En las islas la exposición al sol es mayor. Lleva protección solar, gorra y gafas de sol incluso en días nublados.
  • Agua potable: Infórmate sobre la disponibilidad de agua potable. En algunas islas como La Graciosa es limitada.

Estas cinco islas representan una España diferente, alejada de los circuitos turísticos convencionales. Cada una tiene su propia personalidad y encanto, pero todas comparten la autenticidad y la belleza natural que solo los lugares poco frecuentados pueden ofrecer. Si buscas experiencias genuinas y paisajes de ensueño, estas pequeñas joyas insulares no te defraudarán.

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