Escapadas cerca de Pamplona: 10 destinos imperdibles para un fin de semana

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Pamplona, la capital navarra famosa por sus Sanfermines, es también un punto de partida ideal para conocer algunos de los rincones más bellos del norte de España.

Muchos pamploneses aprovechan los fines de semana para huir del bullicio urbano y sumergirse en paisajes de ensueño a pocos kilómetros de casa.

Desde valles pirenaicos hasta pueblos medievales con encanto, las opciones son tan diversas como fascinantes.

Te traigo una selección de escapadas que no te dejarán indiferente, todas a menos de dos horas en coche desde la ciudad del chupinazo.

Valle del Baztán: el tesoro verde de Navarra

A apenas 50 kilómetros al norte de Pamplona se extiende el Valle del Baztán, un paraíso rural salpicado de caseríos blancos con tejados rojizos y prados infinitos. Este valle, con sus 15 pueblos y numerosas casas solariegas, conserva intacta la esencia de la Navarra más auténtica.

Elizondo, la capital del valle, merece una visita pausada para recorrer sus calles empedradas y admirar sus mansiones señoriales. Los amantes de la gastronomía no pueden marcharse sin probar el txuri-urdin, un queso local de leche cruda de oveja con vetas azules, o los famosos urrakin egina, unos chocolates con avellanas que elaboran en la Pastelería Malkorra desde 1930.

Para los más activos, la ruta de las Cascadas de Xorroxin ofrece un agradable paseo de una hora entre hayedos hasta llegar a una espectacular caída de agua. Si viajas en primavera, no te pierdas el espectáculo de los cerezos en flor en Arizkun y Amaiur, dos de los pueblos más bonitos del valle.

Selva de Irati: el bosque encantado

La Selva de Irati es el segundo hayedo-abetal más extenso de Europa, solo superado por la Selva Negra alemana. Situada a unos 65 kilómetros al noreste de Pamplona, esta inmensa masa forestal de más de 17.000 hectáreas se transforma con cada estación: verde intenso en primavera, fresco refugio en verano, explosión de colores en otoño e inmaculado manto blanco en invierno.

Los accesos más utilizados son Ochagavía y Orbaizeta. Desde cualquiera de ellos parten numerosas rutas señalizadas para todos los niveles. Una de las más populares es la que rodea el embalse de Irabia, un recorrido circular de unos 8 kilómetros sin apenas desnivel que permite disfrutar de panorámicas espectaculares.

Si buscas alojamiento, las localidades cercanas como Ochagavía o Isaba ofrecen casas rurales con encanto donde reponer fuerzas con platos tradicionales como las migas de pastor o el cordero al chilindrón.

Olite: viaje al medievo

A tan solo 42 kilómetros al sur de Pamplona se encuentra Olite, una pequeña ciudad cuyo perfil está dominado por las torres y almenas de su impresionante castillo-palacio. Declarado Monumento Nacional en 1925, el Palacio Real de Olite fue residencia de los reyes de Navarra y uno de los más lujosos de Europa en su época.

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Recorrer sus estancias, jardines colgantes, pasadizos y torres es como trasladarse a un cuento medieval. La visita guiada, que dura aproximadamente una hora, permite conocer los secretos y anécdotas de este fascinante edificio gótico.

Pero Olite es mucho más que su castillo. Sus calles empedradas albergan iglesias románicas, palacios nobiliarios y bodegas centenarias. No en vano es la capital de la Ruta del Vino de Navarra. Reserva tiempo para una cata en alguna de sus bodegas y para probar los exquisitos asados de cordero en restaurantes como El Príncipe de Viana o Asador La Moneida.

Roncesvalles y el Camino de Santiago

A 45 kilómetros al noreste de Pamplona, Roncesvalles (Orreaga en euskera) marca el inicio del Camino de Santiago en territorio español. Este enclave histórico, rodeado de frondosos bosques pirenaicos, ha sido durante siglos punto de acogida para peregrinos venidos de toda Europa.

El conjunto monumental incluye la Colegiata de Santa María, con su impresionante iglesia gótica del siglo XIII, el claustro, la capilla de Santiago y el museo, donde se guardan reliquias como el triforio de esmeraldas de la reina Blanca de Navarra o el ajedrez de Carlomagno.

Desde Roncesvalles parten varias rutas de senderismo que permiten disfrutar de los magníficos paisajes circundantes. Una de las más recomendables es la que asciende al Alto de Ibañeta, donde se encuentra la capilla de San Salvador y un monumento a Roldán, el legendario sobrino de Carlomagno que, según la tradición, murió en estas montañas.

Para reponer fuerzas, la Posada de Roncesvalles ofrece platos contundentes como alubias pochas con codorniz o trucha a la navarra.

Bardenas Reales: el desierto navarro

A poco más de una hora al sur de Pamplona se extiende un paisaje lunar que parece sacado de otro planeta : las Bardenas Reales. Este parque natural de más de 42.000 hectáreas es un desierto de arcilla, yeso y arenisca modelado por la erosión a lo largo de miles de años.

Las formaciones más conocidas son el Castildetierra, una curiosa estructura geológica que parece un castillo de arena gigante, y el Cabezo de Castildetierra, una meseta que ofrece vistas panorámicas impresionantes. La mejor forma de recorrer las Bardenas es en coche, siguiendo alguna de las rutas señalizadas, aunque también existen senderos para hacer a pie o en bicicleta.

Ten en cuenta que en verano las temperaturas pueden superar los 40 grados, por lo que se recomienda visitarlas en primavera u otoño. No olvides llevar agua, protección solar y calzado cómodo.

Para completar la experiencia, puedes alojarte en alguno de los pueblos cercanos como Arguedas o Valtierra, donde encontrarás restaurantes que ofrecen platos típicos de la ribera navarra como menestra de verduras o cordero al chilindrón.

Urbasa y Andía: naturaleza en estado puro

Los Parques Naturales de Urbasa y Andía se encuentran a unos 50 kilómetros al oeste de Pamplona y constituyen uno de los espacios naturales más valiosos de Navarra. Estas extensas mesetas calcáreas, cubiertas por densos hayedos y salpicadas de dolinas y simas, ofrecen paisajes de gran belleza y numerosas posibilidades para el ocio al aire libre.

El Nacedero del Urederra, en el extremo oriental de la sierra de Urbasa, es uno de los lugares más visitados. Sus aguas de color turquesa surgen de forma espectacular entre las rocas, creando pequeñas cascadas y pozas. El sendero que conduce hasta él es apto para todos los públicos y permite disfrutar de vistas impresionantes.

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Otra visita obligada es el Balcón de Pilatos, un mirador natural desde el que se domina buena parte del valle de la Sakana. Para los más aventureros, la zona ofrece posibilidades para la escalada, la espeleología y el parapente.

En los pueblos cercanos como Alsasua o Echarri-Aranaz encontrarás casas rurales con encanto y restaurantes donde degustar especialidades locales como el queso Idiazabal o las kokotxas de bacalao.

Lekunberri y el Valle de Larraun

A solo 35 kilómetros al noroeste de Pamplona se encuentra Lekunberri, puerta de entrada al precioso Valle de Larraun. Esta zona, caracterizada por sus prados verdes, bosques frondosos y caseríos tradicionales, es ideal para una escapada tranquila en contacto con la naturaleza.

Uno de los principales atractivos de la zona es el Bosque Encantado de Orgi, un robledal centenario convertido en área natural recreativa donde se pueden realizar paseos entre árboles monumentales y observar numerosas especies de aves.

No muy lejos se encuentran las Cuevas de Mendukilo, un fascinante mundo subterráneo con impresionantes formaciones de estalactitas y estalagmitas que se pueden visitar con guía.

Para los amantes del ciclismo, la antigua vía del Plazaola, reconvertida en vía verde, ofrece un recorrido de 22 kilómetros entre Lekunberri y Andoain, atravesando túneles y viaductos con paisajes espectaculares.

Puente la Reina y la Ruta del Románico

A 24 kilómetros al suroeste de Pamplona se encuentra Puente la Reina (Gares en euskera), punto donde confluyen las dos principales rutas jacobeas que atraviesan los Pirineos. Su nombre procede del magnífico puente románico del siglo XI que cruza el río Arga, considerado uno de los ejemplos más bellos de la arquitectura civil medieval española.

Pasear por su calle Mayor, perfectamente alineada para facilitar el tránsito de peregrinos, es como realizar un viaje en el tiempo. En ella se encuentran notables edificios como la iglesia del Crucifijo, con su peculiar planta de cruz griega, o la de Santiago, con una hermosa portada románica.

Desde Puente la Reina puedes iniciar la Ruta del Románico Estellés, que incluye joyas como la iglesia de Santa María de Eunate, un enigmático templo octogonal rodeado por una galería porticada, o el monasterio de Iranzu, enclavado en un frondoso valle.

La gastronomía local ofrece delicias como las pochas con codorniz o los espárragos de Navarra, que puedes degustar en restaurantes como El Peregrino o La Torreta.

Estella-Lizarra: la Toledo del norte

Estella-Lizarra, a 44 kilómetros al suroeste de Pamplona, es una ciudad monumental que surgió al calor del Camino de Santiago. Conocida como la «Toledo del norte» por su riqueza artística y la convivencia de culturas que albergó durante la Edad Media, conserva un impresionante patrimonio románico y gótico.

Un paseo por su casco antiguo permite descubrir joyas como el Palacio de los Reyes de Navarra (actual Museo Gustavo de Maeztu), la iglesia de San Pedro de la Rúa con su claustro románico, o la de San Miguel con su impresionante portada.

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Muy cerca se encuentra el Monasterio de Iratxe, un conjunto monumental que combina estilos desde el románico hasta el barroco, rodeado de viñedos que producen algunos de los mejores vinos de la zona.

Para los amantes de la naturaleza, el Parque Natural de Urbasa-Andía está a un paso, ofreciendo rutas de senderismo para todos los niveles.

La gastronomía estellesa es otro de sus grandes atractivos. No dejes de probar el gorrín asado o las chuletillas de cordero al sarmiento en restaurantes como Astarriaga o El Restaurante Richard.

Ochagavía y los valles pirenaicos

En el extremo nororiental de Navarra, a unos 85 kilómetros de Pamplona, se encuentra Ochagavía (Otsagabia en euskera), considerado uno de los pueblos más bonitos de los Pirineos navarros. Sus casas de piedra con tejados de pizarra a dos aguas, balcones de madera y chimeneas troncocónicas crean un conjunto armónico de gran belleza.

El río Anduña divide el pueblo en dos barrios unidos por un puente medieval. En lo alto se alza la iglesia de San Juan Evangelista, un templo gótico con aspecto de fortaleza que domina todo el valle.

Ochagavía es la puerta de entrada a la Selva de Irati por su vertiente occidental y punto de partida para numerosas excursiones por los valles pirenaicos. Una de las más recomendables es la subida al Orhi (2.017 metros), la primera cima de más de dos mil metros viniendo desde el Cantábrico, que ofrece vistas espectaculares.

En invierno, la cercana estación de Abodi permite practicar esquí de fondo y raquetas de nieve en un entorno privilegiado.

La gastronomía local es contundente y sabrosa, perfecta para reponer fuerzas después de una jornada de montaña. En restaurantes como Casa Maribel o Beti-Jai puedes degustar especialidades como las migas de pastor, el cordero al chilindrón o las sopas de ajo.

Consejos prácticos para tus escapadas desde Pamplona

  • Mejor época para viajar: Cada destino tiene su momento ideal. Las Bardenas son más agradables en primavera y otoño, mientras que Irati alcanza su máximo esplendor en octubre con los colores otoñales.
  • Alojamiento: Reserva con antelación, especialmente en temporada alta y fines de semana. La oferta de casas rurales en Navarra es amplia y de gran calidad.
  • Gastronomía: Cada comarca tiene sus especialidades. No dejes de probar los productos de temporada y los platos tradicionales.
  • Transporte: Aunque algunos destinos son accesibles en transporte público, lo ideal es disponer de vehículo propio para mayor libertad de movimientos.
  • Senderismo: Si planeas hacer rutas, lleva calzado adecuado, agua, protección solar y una pequeña mochila con lo imprescindible.

Navarra es una tierra de contrastes que sorprende por la diversidad de paisajes y experiencias que ofrece en distancias tan cortas. Desde Pamplona, en apenas una o dos horas de coche, puedes pasar de los bosques pirenaicos a los desiertos áridos, de los valles verdes a las ciudades medievales. Cada escapada es una oportunidad para descubrir un nuevo rincón de esta tierra fascinante que, a pesar de su tamaño reducido, encierra tesoros infinitos. ¿Por cuál vas a empezar?

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