Un paseo por Sevilla: lugares que no debe perderse

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Sevilla es una ciudad que atrapa.

Con sus calles estrechas y sinuosas, su arquitectura que mezcla influencias cristianas, musulmanas y judías, y ese aroma a azahar que lo envuelve todo en primavera.

Fui por primera vez hace ya diez años y desde entonces he vuelto seis veces más.

Cada visita me descubre un rincón nuevo, un detalle que había pasado por alto, una taberna escondida donde sirven las mejores tapas.

Si estás planeando visitar la capital andaluza, te comparto los lugares que, según mi experiencia, no deberías perderte.

La Catedral y la Giralda

No puedo empezar esta lista sin mencionar la Catedral de Santa María de la Sede. Es la catedral gótica más grande del mundo y Patrimonio de la Humanidad desde 1987. Lo que más me impresiona cada vez que la visito es su tamaño colosal y cómo los constructores del siglo XV lograron semejante obra arquitectónica.

Dentro de la catedral se encuentra la tumba de Cristóbal Colón, aunque existe controversia sobre si realmente sus restos descansan allí o en Santo Domingo. El retablo mayor es otra maravilla que no debes perderte, con sus 45 escenas talladas representando la vida de Cristo.

Adosada a la catedral está la Giralda, antiguo alminar de la mezquita sobre la que se construyó la catedral y ahora convertido en campanario. Subir sus 35 rampas (construidas para que el muecín pudiera subir a caballo cinco veces al día) vale cada gota de sudor. Las vistas de Sevilla desde arriba son espectaculares, especialmente al atardecer.

El Real Alcázar

A pocos pasos de la catedral se encuentra el Real Alcázar, uno de los palacios en uso más antiguos del mundo. La primera vez que crucé sus puertas me quedé sin palabras. Sus patios, jardines y salones son un festín para los sentidos.

El Patio de las Doncellas es, para mí, el espacio más impresionante, con su estanque rectangular y esa arquitectura mudéjar que refleja la fusión de estilos tan característica de Andalucía. Los Baños de Doña María de Padilla, cisternas bajo el Patio del Crucero, tienen algo misterioso y evocador que siempre me ha fascinado.

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Los jardines merecen tiempo aparte. Pasear entre naranjos, palmeras y fuentes mientras escuchas el canto de los pájaros es una experiencia casi mística. Mi rincón favorito es el Pabellón de Carlos V, desde donde se tiene una vista perfecta de los jardines.

Plaza de España

Construida para la Exposición Iberoamericana de 1929, la Plaza de España es, sin duda, uno de los espacios más fotogénicos de Sevilla. Su forma semicircular, los puentes sobre el canal, los bancos decorados con azulejos representando las provincias españolas… todo en ella es grandioso.

Me encanta alquilar una barca y remar tranquilamente por el canal mientras observo los detalles arquitectónicos del edificio. Si vas en verano, te recomiendo visitarla al atardecer, cuando el sol dora la piedra y hay menos turistas.

Junto a la Plaza de España se encuentra el Parque de María Luisa, el pulmón verde de Sevilla. Sus paseos sombreados, estanques y glorietas son perfectos para descansar después de una mañana de turismo intenso.

Barrio de Santa Cruz

El antiguo barrio judío de Sevilla es hoy uno de los más encantadores de la ciudad. Perderme por sus callejuelas estrechas, algunas tan angostas que apenas pasa una persona, es uno de mis placeres cuando visito Sevilla.

La Plaza de Doña Elvira, con sus bancos de azulejos y naranjos, es un remanso de paz donde he pasado horas simplemente observando el ir y venir de la gente. La Calle Agua, que discurre paralela a las murallas del Alcázar, debe su nombre al sonido del agua que corría por las canalizaciones de los jardines del palacio.

En este barrio también encontrarás numerosos bares de tapas auténticos. El Bar Las Teresas, en la calle Santa Teresa, sirve un jamón ibérico que te hará llorar de emoción.

La Torre del Oro

A orillas del Guadalquivir se alza la Torre del Oro, una torre albarrana del siglo XIII que formaba parte del sistema defensivo de la ciudad. Su nombre proviene del brillo dorado que reflejaba en el río, aunque hay quien dice que se debe a que allí se guardaba el oro traído de América.

Hoy alberga un pequeño museo naval, pero lo que más disfruto es pasear por la ribera del río al atardecer, con la torre iluminada reflejándose en las aguas. Desde aquí parten cruceros turísticos por el Guadalquivir que ofrecen una perspectiva diferente de la ciudad.

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Metropol Parasol (Las Setas)

En contraste con el patrimonio histórico, Sevilla también tiene espacio para la arquitectura contemporánea. El Metropol Parasol, conocido popularmente como «Las Setas» por su forma, es la estructura de madera más grande del mundo.

Diseñado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer, este espacio alberga un mercado, restaurantes, un espacio para eventos y un mirador. La primera vez que lo vi me pareció extraño, casi alienígena en medio del casco antiguo, pero con el tiempo he aprendido a apreciar cómo dialoga con la ciudad tradicional.

Subir al mirador al atardecer ofrece una panorámica de 360 grados de Sevilla que te dejará sin aliento. El contraste entre las cúpulas y torres históricas y este hongo futurista es fascinante.

Triana: el barrio con alma gitana

Cruzando el río por el Puente de Isabel II (o Puente de Triana) se llega al barrio más castizo de Sevilla. Triana tiene personalidad propia, y sus habitantes, los trianeros, presumen de ello.

El Mercado de Triana, construido sobre los restos del Castillo de San Jorge, sede de la Inquisición, es parada obligatoria para conocer los productos locales y probar tapas recién hechas. La calle Betis, paralela al río, está llena de terrazas donde tomar algo mientras contemplas la mejor vista del casco histórico de Sevilla.

Triana es cuna del flamenco y la cerámica. En la calle Alfarería aún quedan talleres tradicionales donde puedes ver cómo se elaboran los famosos azulejos sevillanos. Y si quieres vivir el flamenco auténtico, alejado del circuito turístico, busca alguna peña flamenca local como la Casa Anselma.

La gastronomía sevillana

Un paseo por Sevilla no estaría completo sin hablar de su gastronomía. El ritual del tapeo es casi una religión aquí, y hay bares de tapas en cada esquina.

Algunos platos que no debes dejar de probar:

  • Salmorejo: similar al gazpacho pero más espeso, con jamón y huevo picado por encima.
  • Espinacas con garbanzos: un guiso humilde pero delicioso, especialmente en invierno.
  • Pescaíto frito: variedad de pescados pequeños rebozados y fritos.
  • Cola de toro: estofado tradicional muy sabroso.
  • Torrijas: el postre típico de Semana Santa, similar al pan francés pero con miel.
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Mis bares favoritos para tapear son El Rinconcillo (el más antiguo de Sevilla, fundado en 1670), Casa Morales con sus grandes tinajas de vino, y Bodega Santa Cruz, conocido como «Las Columnas», donde las tapas se apuntan con tiza en la barra.

Experiencias más allá de lo turístico

Si tienes tiempo y quieres conocer la Sevilla más auténtica, te recomiendo algunas experiencias que van más allá del circuito turístico habitual:

Mercado de la Feria

Alejado del centro turístico, este mercado tradicional te permite ver cómo compran y venden los sevillanos. Los jueves hay un mercadillo en las calles aledañas donde encontrarás de todo, desde ropa hasta antigüedades.

Alameda de Hércules

Esta amplia avenida arbolada fue el primer jardín público de Europa. Tras años de decadencia, hoy es una zona de moda con bares alternativos, restaurantes de fusión y una vibrante vida nocturna.

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Ubicado en el antiguo Monasterio de la Cartuja, este museo ofrece exposiciones interesantes en un entorno histórico. Los jardines son perfectos para un descanso tranquilo.

Un partido del Sevilla FC o del Real Betis

Los sevillanos viven el fútbol con pasión. Si coincide tu visita con un partido, especialmente un derbi, no te lo pierdas. El ambiente en el estadio es electrizante.

Cuándo visitar Sevilla

Sevilla tiene un clima extremo, con veranos abrasadores (he llegado a experimentar 45°C en agosto) e inviernos suaves. La mejor época para visitarla es en primavera (abril-mayo) o en otoño (septiembre-octubre).

Si puedes, intenta que tu visita coincida con alguna de estas celebraciones:

  • Semana Santa: una de las más espectaculares de España, con procesiones día y noche.
  • Feria de Abril: dos semanas después de Semana Santa, la ciudad se llena de casetas, flamenco, caballos y alegría.
  • La Velá de Santa Ana: en julio, el barrio de Triana celebra sus fiestas con conciertos, actividades culturales y mucha comida.

Sevilla es una ciudad que se vive con los cinco sentidos. Su luz especial, el aroma de los naranjos en flor, el sabor de sus tapas, el sonido de una guitarra flamenca al anochecer, la textura de sus edificios centenarios… Todo contribuye a crear una experiencia sensorial completa que, te lo aseguro, te dejará con ganas de volver. Como decimos por aquí: «Quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla».

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